Colonialismo y diplomacia: la posición de España y Francia ante la «crisis del Trono» marroquí de 1953
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Tirant lo Blanch
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Desde el establecimiento del Protectorado hispano-francés sobre Marruecos en 1912, la política exterior de ambas potencias protectoras sobre el país alauí, en la práctica, había supuesto la implementación de una política colonial de control y dominio del territorio, de la administración y de su sociedad. En el caso francés, la influencia ejercida sobre el sultán Mohammed V desde su ascensión al trono en 1927 había permitido a los sucesivos Residentes Generales introducir sus reformas en su zona de protectorado sin excesivas dificultades, conteniendo incluso la injerencia del elemento nacionalista tras su eclosión con motivo de la promulgación del dahir bereber del 16 de mayo de 1930.
Sin embargo, acontecimientos de trascendencia internacional, como la capitulación de Francia el 22 de junio de 1940 en el contexto de la II Guerra Mundial (1939-1945) y el inicio del proceso descolonizador afroasiático tras el fin de la contienda mundial, precipitaron que la dominación colonial que Francia ejercía hasta entonces en el mundo se fuera disipando paulatinamente. En el caso de Marruecos, esta pérdida de influencia se vio potenciada con motivo del encuentro entre el presidente americano F.D. Roosevelt y el sultán Mohammed V en el contexto de la celebración de la Conferencia de Casablanca en enero de 1943 y la constitución del partido Istiqlal por el nacionalismo marroquí, impulsando de manera decidida la consecución de la independencia.
En consecuencia, para 1953 la relación entre la administración protectora gala y el Sultán se tornó insostenible, más aún cuando la “cuestión marroquí” impulsada por el nacionalismo tomó impulso en la ONU. Ante esta coyuntura, en la que la otrora habilidad diplomática de Francia para hacer cumplir su voluntad en sus territorios de ultramar ahora se desvelaba como una reminiscencia, la Residencia General francesa, haciendo alarde de una demostración de fuerza, procedió a deponer al sultán Mohammed V y deportarlo a Córcega junto al resto de la familia real, reemplazándolo en el trono por el colaboracionista Mohammed Ben Arafa. Para justificar su decisión, la potencia gala emprendió una campaña propagandística tratando de convencer a la opinión pública internacional acusando al sultán Mohammed V de colaboracionista con los nazis durante la II Guerra Mundial. Esta actuación, que desembocó en lo que se ha dado a conocer como la “crisis del Trono”, también trajo aparejada una crisis diplomática con España por no haber concertado esta posición tan trascendental para la estabilidad del protectorado, lo que conllevó que ésta siguiera reconociendo a Mohammed V como legítimo Sultán hasta su regreso en noviembre de 1955.
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Aránguez, J. C. (2025). Colonialismo y diplomacia: La posición de España y Francia ante la «crisis del Trono» marroquí de 1953. En J. Espín, R. Calduch & J. C. Aránguez (Eds.), Hacia un nuevo sistema internacional: Escenarios recurrentes, necesidades cambiantes (pp. 213–240). Tirant lo Blanch.











